viernes, 18 de mayo de 2012

Para hacer el retrato de un pájaro

Pintar primero una jaula
con la puerta abierta
pintar después algo bonito
algo simple, algo bello,
algo útil para el pájaro.
Apoyar después la tela contra un árbol
En un jardín en un soto
o en un bosque esconderse tras el árbol
Sin decir nada, sin moverse
A veces el pájaro llega enseguida
Pero puede tardar años
antes de decidirse.
No hay que desanimarse
Hay que esperar
Esperar si es necesario durante años
La celeridad o la tardanza
En la llegada del pájaro
No tiene nada que ver
Con la calidad del cuadro.
Cuando el pájaro llega, si llega
observar el más profundo silencio
esperar que el pájaro entre en la jaula
y una vez que haya entrado
cerrar suavemente la puerta con el pincel.

Después borrar uno a uno todos los barrotes
cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro.

Hacer acto seguido, el retrato del árbol,
escogiendo la rama más bella para el pájaro,
Pintar también el verde follaje
Y la frescura del viento,
El polvillo del sol
y el ruido de los bichos de la hierba en el calor estival
y después esperar
que el pájaro se decida a cantar.

Si el pájaro no canta, mala señal,
Señal de que el cuadro es malo,
Pero si canta es buena señal,
Señal de que podéis firmar.
Entonces arrancadle delicadamente
una pluma al pájaro
Y escribid vuestro nombre
En un ángulo del cuadro.

jueves, 17 de mayo de 2012

La maricada



Estuve durante una semana alimentándome sólo de pan, leche y manzanas verdes. Recién me percaté hoy; me di cuenta de que el lavaplatos se estaba volviendo un nicho vacío y monótono, las verduras abundan en el refrigerador y comienzan a podrirse. En realidad, no ando de ánimos. No se trata tan sólo de que me cause desgano cocinar y poner en marcha el artificio que es pensar en la preparación de un plato tanto en sus aspectos sensoriales como en sus aspectos químicos, sino que lo que antes me causaba placer se me está tornando poco placentero e incluso indiferente. Sé que esta historia no tiene nada de nuevo, tiene nombre y se llama anhedonia. Y pese a que sea historia repetida, siempre me toma por sorpresa porque soy incapaz de advertirla; luego se me pasa y la vida sigue, revivo a mi manera. De hecho, no me interesa publicar esto porque me parezca especial o divertido, sino porque al escribirlo logro interpretarme y salir parcialmente de este lavado con centrifugado que es el displacer y la indolencia. Esta es mi terapia, mía, inventada por mí. A veces uno olvida que detrás de estas cosas hay esquemas que uno ha ido construyendo y que el autointerpretarse no tiene por qué dar abasto, pero como siempre me digo a mí misma, algo es algo; peor sería seguir entre el pan, la leche, las manzanas, la desconcentración, el insomnio, la lumbalgia, los sueños incoherentes y el no poder sentir placer al escuchar música. Al menos ya lloré unos minutos y logré verbalizar por dónde iba el asunto, y debo decir que me siento mucho mejor. A modo anecdótico, sólo puedo mencionar que con el paso del tiempo me he dado cuenta de que en virtud de esta idiotez mía, las formas que tengo de sentir placer se han vuelto cada vez más específicas y sofisticadas. Lo único bueno de eso es que ahora sólo puedo reír para mis adentros imaginando qué carajo me parecerá bello y estimulante de aquí a una década más. Supongo que eso no debe ser tan malo, digo, siempre estoy cambiando y no le temo en lo más mínimo a los cambios... ¡Dios mío! (que no existes -y no eres mío porque nunca me has lamido por opción propia ni siquiera en sueños a lo Madonna y su isla bonita-).

martes, 15 de mayo de 2012

Estadísticas


Al leer confundo la palabra "delicado" con la palabra "dedicado". Estoy muy segura de que algún día hallaré una religión que no se proclame a sí misma como tal, incluirá ejercicios para mejorar el equilibrio y sedantes, me volverá una muñeca ortopédica hermosa y perfecta; pero ya existen demasiadas tendencias holísticas y aún sigo así, incompletísima, sólo puedo contentarme irónicamente con la tragicomedia. Mi dinero está escondido entre dos libros de mi repisa. Me encantan los cactus porque son las únicas plantas que se conforman con poco; se ponen vigorosas con apenas un chorrito de agua. Las mariposas están sobrevaloradas, salven las polillas, más que mal son lepidópteros. Desde que tengo uso de razón veo dos mosquitas en el campo visual; cuando niña creía que tenía ojos de microscopio y que en realidad lo que veía eran bacterias con forma de bastón, pero ahora sé que se trata de Miodesopsia. De las muchas labores que me causan desgano, casi todas se me hacen excitantes una vez que me sumerjo en ellas. Suelo posar mis ojos en miradas que no quiero contemplar y anulo esa suerte mía contemplando otros objetos del paisaje hasta memorizarlos. No voy a rebanarme el cerebro pensando en la mejora de las instituciones porque me duelen los sesos del corazón estar cara a cara con la injusticia; opté por la teorización a favor de mi pseudo sanidad. Suelo soñar que respiro mejor en el agua que en el aire, pero de vez en cuando sueño que beso mujeres. Mi piel es amarilla y mi nariz desde un ángulo inferior tiene forma de corazón. Detesto a las damas en apuros y la preocupación atmosférica que infunden en sus cercanos. La mitad de mi vida fui incapaz de cantar porque terminaba llorando sin saber por qué. Desde que me di cuenta de que observarse a sí mismo hablando frente al espejo resuelve en parte esa curiosidad de visualizarse a uno como un tercero, uso la muleta de decir "no creo" para notar mis gesticulaciones (y ya van años de "no creo"). Me encantan los insectos. Soy una buena persona y no me interesa hacerle mal a nadie. Amo los animales, y si pudiera elegir ser comida de carroña al morir, accedería encantada. Solía fijarme en hombres desastre para cuidarlos como quien cuida a un ser desvalido, pero elegí cambiar, también necesito ser cuidada y conducida en tanto lo permita. Transito entre la indolencia y la melancolía, luego llego a la síntesis de ambas, luego indolencia, más tarde melancolía. Añoro a los gatos siameses. A veces desearía no poder hablar, no poder convencer a nadie de nada. Creo que los hombres son mucho más tiernos que las mujeres en lo que respecta al amor y no hay cosa más tierna que ver a un hombre enamorado porque lo que ves allí es a un niño. Cuando pequeña escribía cartas a personas que no conocía pero que consideraba necesario que en algún momento de mi vida aparecieran. Cuando algo me causa mucha risa, río hasta las lagrimas. Una banalidad: es cierto que el aceite de oliva enaltece muchas comidas, pero usarlo en exceso como si fuera una muestra de buen gusto y sabiduría eurocéntrica es grotesco. Cuando me agrada o me gusta una persona, al verla escribir comienzo a sentir escalofríos placenteros en el pecho que siguen el trazo de su escritura. Una vez soñé con Dios: en la autopista, camino al funeral de mi abuela, había un cartel publicitario en el que aparecía una imagen de Jesús, luego él salía del cartel y se sentaba junto a mí en el auto (llevaba un frasco de perfume consigo), acto seguido vaporizó el perfume sobre mis ojos. Llevo 13 años sin comer carne.

martes, 24 de abril de 2012

La catedral


Todos los signos que cuidadosamente has puesto por aquí, todos esos otros signos que azarosamente has puesto por allá, son en sí mismos la pista de un ritual. Has tributado treinta y tres doncellas a cerros que, al cerrar los ojos, se te figuran como familias. Aquel cerro del norte es la hija del gran dios ventarrón. Y por un problema de traducción, dado que tu lengua no admite vocales, los expertos han reconstruido tus solemnidades interpretándolas como más les convenga. Interpretaron tu brujería celeste desde un trabajo hermenéutico destructivo; agregaron vocales a sílabas que acarrean cúmulos de consonantes muy secretamente dispuestas. Han hecho de ti un texto sagrado, pero tú eres El texto sagrado. Dicen que las vibraciones que emanan de tu boca al pronunciar tu bendición cambian los colores del fuego; una vez acerqué un candelabro hasta tus labios y vi un espectáculo que hablaba sobre la infancia, la muerte y el futuro. Si alguien de tu pueblo le dijera a los arqueólogos que tus signos llevan a donde las doncellas duermen por siempre, tus momias se convertirían en joyas de museo. Tu tribu morirá, construirán complejos turísticos y santuarios donde eregiste tus atalayas, harán de tus signos una moda que inundará revistas y promesas de compra, pero nunca morirá el secreto. Las fábulas protagonizadas por los adeptos a la última canción del cisne son lo único que queda del secreto.

miércoles, 18 de abril de 2012

Atroz


Creer lo que quieras sólo porque así deseas creerlo. Como esos perros que ladran al cielo. Y el cielo sólo responde con más silencio en sus respectivas solemnidades. Habrá que arrancarse la gran nube de los corazones. Habrá que arrancarse el corazón para volverse impenetrable incluso ante las nubes, incluso ante los arreboles. Se trata de pasar el umbral de una puerta cuando esa puerta llega sólo hasta una ventana. Y si me dijeras que has visto qué es eso que aguarda tras la ventana, si notases quizá que tras la ventana hay una laguna que aparece sólo durante los días nublados... Entonces sólo queda la nube... Si nublado, laguna. Si laguna, ventana. Si ventana, puerta. Si puerta, umbral. Y si nublado, si nublado no habrá que arrancarse la gran nube de los corazones. Sola queda la nube.

sábado, 31 de marzo de 2012

Ascendente capricornio


Una pelea en el Olimpo: cuando los dioses se dieron cuenta de que lo que allí había era una batalla, Zeus los convenció de que se transformaran en animales apacibles para que lograran huir ilesos. Pero uno de ellos, al momento de echarse a correr aún no se había transformado completamente. Así fue como quedó mitad cabra y mitad pez. Se dice que la cabra suele escalar montañas siempre por el peor camino posible, no evade los roqueríos e incluso cojea; cae a menudo. Pero sólo la cabra sabe por qué escala la montaña y para qué lo hace; piensa para sí que es su deber.  Se dice del pez que es uno de las tantas formas de la paloma mesiánica y su insinuación a lo divino, un "que así sea" que llama a estar con los ojos mirando hacia el cielo y todo aquello que es aéreo, perfectible y hermoso. Luego, la criatura mitad pez mitad cabra es quietud del mineral oscuro y pesado, melancólica y diplomática nace en estado de espera y ebulle una vez que comprende su soledad histórica para nunca volver a cojear. Girasol (meridional); lo relativamente decible se volvió logos cuando inhalé la primera bocanada del cenit celeste.

viernes, 23 de marzo de 2012

Edad de merecer


Ese momento en el que todos se percatan de que están perdidos no es en lo más mínimamente trágico. En efecto, no es trágico, es simplemente lo que ocurre; como que de noche el cielo se ve azul marino y como que comienzo a sentir frío. Entre un anochecer y un amanecer, por la bóveda celeste una cantidad de estrellas humanamente imposibles de contar y veinte mil factibles avistamientos de objetos voladores no identificados. Tan botella medio llena. De aire o de agua, lo que fuera; hay cosas que nunca se rompen.

viernes, 2 de marzo de 2012

Simple


Un presente simple no excluye un gerundio. Pero un presente simple, originalmente incompleto (como todo lo que respira y ama bajo el sol), puede ser pasado y presente a la vez. Por ejemplo, respiro mejor en el agua que en el aire cuando sueño que me interno en el mar. Esta historia es un presente simple, mi historia es un presente simple. Pero la experiencia dice que no sabría ahogarme aunque quisiera. Es por ello que para elevarse hasta el gerundio se requiere un auxiliar. Por ejemplo: me estoy lloviendo.

jueves, 16 de febrero de 2012

De lo relativo a vender parches curitas


Niño regordete moreno viste sandalias y vende parches curitas a la salida del metro. Sería válido hacer disquisiciones respecto a si se trataba de la entrada o de la salida del metro puesto que el asunto depende de donde se esté situado, de si se va saliendo o entrando al metro, pero insisto, niño regordete y moreno viste sandalias y vende parches curitas en el zaguán del metro. Él grita "parches, parches, parches" como si supiera que vender parches no es cualquier cosa, y en su cadencia hay desesperación porque sabe que es políticamente incorrecto que un niño como él se dedique a auscultar enfermo por enfermo dónde duele y por qué entre enfermos enfermos y enfermos no tan enfermos. En la última repetición de la palabra "parche" parece exhausto e incluso algo molesto debido a que las personas que por allí transitan no han captado aún lo que significa tener parches bajo la manga, y esto último no es de extrañarse porque vender parches no es cualquier cosa. Vender parches a cien pesos es ofrecer a un precio módico y terrenal una opción para encerrar el paso del tiempo con una valla. Pero esa interrupción al flujo del espacio-tiempo (evasión a la posibilidad de ser transgredido por agentes externos a la zona cero, decir que sí pero no a la prolongación de la impresión mediante el recurso de la violación del ritmo del devenir que cualquier buen cristiano podría experimentar desde su casa en un sofá mientras lee las noticias en el diario, abanderarse por la verdad o la mentira tal como un niñito aguerrido con delirios de grandeza lo haría) es ostracismo y artificio milenario. Palimpsestos hallados en algo que parece ser una de las primeras banditas de la historia de la inhumanidad sugieren que otrora se escribían rituales al interior de éstas: listas de buenos deseos firmadas por los hombres libres de la ciudad, cartas al director acerca de extraños vicios en las máquinas tragamonedas en las que se injuria a Charles Fey, dedicatorias de odio manifiesto para con uno mismo ideadas para canalizar ciertos tipos de miseria humana, etcétera. De esta multiplicidad de rituales se desprenden las diversas formas de tratar, inventar o ignorar una herida. Se aísla la herida cuando se localiza, disecciona y aparcela un trocito de miedo para reubicarlo a gusto propio en un área de piel donde no hay sangre y nada supura; se aísla la herida cuando efectivamente existe un área de piel donde hay sangre y algo supura; se aísla la herida para hacer creer que hay sangre y algo supura ya sea si hay algo que sangra y supura o si no lo hay independiente de si eso que sangra y supura es una fantasía, un fin, un medio o algo que realmente sangra y supura.
Para mí él podría ser la reencarnación de Sor Teresa de Calcuta, un filántropo inserto en el envase de un niño regordete y moreno que viste sandalias, o un niño regordete y moreno que viste sandalias. Pero de cualquier modo él vende parches, y eso no es cualquier cosa.

lunes, 6 de febrero de 2012

A.M.

Sí, usted, creatura de las dos treinta antes del meridiano ¿qué me quiere decir con esa búsqueda, tan como de si me quisiera decir algo en un idioma que ni usted domina, tan como de que se guarda una cuchilla bien adentro? Nada de eso aparece en la biblia. Si es así de escrupuloso (y mucho más), explíqueme: quisiera entender qué es más sensato, si dejar mi cigarrillo prendido sobre el cenicero y que se consuma mientras usted se ausenta o apagarlo cuidadosamente antes de de que me vaya para luego prenderlo al volver, si es que algún día vuelvo acaso. En fin, comprenderá que nada de eso realmente importa. Hay otro cigarrillo en mi boca, lo sostengo firmemente entre mis labios y está bien prendido. De modo que, aunque parezca como que sí, no.

viernes, 3 de febrero de 2012

La espalda


"Palabra a un espejo", Omar Cáceres

Hermano, yo, jamás llegaré a comprenderte;
veo en ti un tan profundo y extraño fatalismo,
que bien puede que fueras un ojo del Abismo,
o una lágrima muerta que llorara la Muerte.
En mis manos te adueñas del mundo sin moverte,
con el mudo estupor de un hondo paroxismo;
e impasible me dices: «conócete a ti mismo»,
¡como si alguna vez dejara de creerte!...
De hondo como el cielo, cuán dulce es tu sentido;
nadie deja de amarte, todo rostro afligido
derrama su amargura dentro tu fuente clara.

Dime, tú, que en constante desvelo permaneces:
¿se ha acercado hasta ti, cuando el cuerpo perece,
algún alma desnuda, a conocer su cara?


"Poética", Manuel Bandeira
Estoy harto del lirismo comedido del lirismo obediente
del lirismo funcionario público con libro de expediente rápido 
          [protocolo y manifestaciones de aprecio al Sr. Director 
Estoy harto del lirismo que se detiene e investiga en el diccionario 
          [la etimología de algún vocablo
Abajo los puristas
Todas las palabras, sobre todo los barbarismos universales
Todas las construcciones sobre todo la sintaxis de excepción
Todos los ritmos sobre todo los innumerables
Estoy harto del lirismo galante
Político
Raquítico
Sifilítico
Lirismo que capitula ante lo que está fuera de sí mismo
Además no es lirismo
sino contabilidad tabla de cosenos secretario del amante 
          ejemplar con cien modelos de cartas y las diferentes
          maneras de agradar a las mujeres, etc.
Lo que busco es el lirismo de los locos
el lirismo de los ebrios
el lirismo difícil y punzante de los ebrios
el lirismo de los clowns de Shakespeare
No quiero saber más del lirismo que no nos libera.

jueves, 2 de febrero de 2012

Silabario hispanoamericano


Siempre pensé que la labor que el silabario hispanoamericano construyó en mí fue tan sólo uno de lo tantos salvavidas a los que tuve que recurrir para sobrellevar el cariz indeciblemente azul de todos los atardeceres. Y cuanto menos puedo decir respecto a los salvavidas es que operan de un modo curioso, casi como la semisuma de los designios divinos con los mundanos y lo que uno piensa retrospectivamente acerca de ellos cuando los prepondera de acuerdo a simbolismos íntimos. Desde hace algunos días vengo reflexionando en el cómo y el por qué del silabario en mi vida, en qué significa y qué consecuencias trajo; en haber aprendido a leer con estos ojos y con este corazón. Reparo en lo de mis ojos porque la primera palabra que aprendí a leer fue "ojo", palabra que en rigor no sabía leer puesto que memoricé que se escribía tal como uno dibujaría el rostro de una persona curiosa; reparo en lo de mi corazón porque lo ando trayendo en las manos disuelto y parchado como quien lleva un animalito muerto con la sangre aún tibia al templo de sacrificio (pese a que realmente sé que mi corazón necesita ser regalado; soy demasiado mujer y es infinitamente inexplicable cómo eso está inscrito en mí). Sé leer, sé escribir, sé cuáles son las vocales y cúales son las consonantes, conozco al revés y al derecho las reglas de acentuación, sé qué tan peligrosos son los neologismos en materia de demencias varias, conozco la etimología de todo el abecedario español y las grafías que dieron origen a cada una de las letras, sólo recuerdo las reglas de ortografía alusivas a los plurales de las palabras terminadas en "z" y las restantes las reconozco intuitivamente gracias a la costumbre, sé que los acentos gráficos existen consuetudinariamente para diferenciar las etimologías de las palabras y que realmente no existen -o en su defecto, híper existen debido a que todas las sílabas están acentuadas fonéticamente-, me he percatado ya de que el idioma español es una semilla muy fértil en virtud de todos los tiempos verbales que ofrece -y ni hablar del exceso de expresiones tipo póquer que sirven para identificar un millón de cosas usadas discretamente en múltiples lugares, contextos y países-. Pero hay algo que ignoro y que probablemente nunca sabré deletrear, algo que me está vedado a mí y a todos los que vivimos en el logos: ¿Cómo son las palabras cuando uno les quita la ropa?, ¿hacen el amor?, ¿cómo se ven en la mañana antes de maquillarse y ponerse sus trajecitos? Ignorar ello es ignorar todo lo que debería saber para sentirme más o menos coherente con mi historia desde este lado de la vía. En efecto, son veinte y pico años trazados en torno a una espiral, veinte y pico años dibujados antes de que este cuerpo supiera siquiera cómo decir el nombre que le inventaron, veinte y pico años empañados por el saludo y la despedida que se dieron los astros aquella noche de mayo en la que balbuceé mi primer llanto. Porque preguntarse por eso es lo mismo que intentar descifrar de dónde sacaré fuerzas para entender que él está al borde de aquella tijera que da y quita la vida, él, el misterio que debía ser resuelto mediante la lectura puesto que en cuanto aprendiera a leer podría acceder al gran secreto que los adultos me ocultaban. La ingenua promesa del entendimiento (esbozada por un silabario) está, finalmente, echando raíces. Y eso es lo menos -¡lo menos!- que podría decir.

viernes, 27 de enero de 2012

Molicie (mis calzones)


Mulieres mías, quisiera inventarles algo que las contenga -además de una flor tipo báculo-. Que cuando no haya nada más que decir, sepan para sí que este tesoro va más allá de una entraña femenina. Que cuando se vean en el absurdo de decir que tal cosa propia les parece excesiva para ser mujeres sean capaces de leerse la suerte sin aludir a esa torpe autocorreción que legitima y autoriza. Declaro: dado que es desgraciado juzgarse a sí mismas por oposición a los hombres, acepten el tesoro, acaten la belleza, piénsense y aprehéndanse emperadoras de esta responsabilidad. Irremediablemente... ¡No, nada de "irremediablemente"!: recen, convénzanse, grítenle a su sexo que sólo ustedes son acto y crepúsculo y amanecer y potencia.

PD: Pero si emiten exhibiciones de talento público en dramas, si se atreven a destruir a las suyas abriendo la boca respecto a que sus novios(as) les fueron eventualmente infieles con una, si se rebajan a caer en los necios vaivenes de amantes que no saben qué quieren ni por accidente, no nos molestaremos en enviarles una carta que verse acerca de lo menesteroso que es expulsarlas de la hermandad. Es más, quedarán tácitamente fuera. Y en virtud del hecho de que el usufructo de sus voluptuosidades no compete sólo a los hombres sino también a ciertas yosotras, serán tratadas tal como un hombre necio y violento las trataría: como objetos, como putas serviles.

jueves, 26 de enero de 2012

Bitácora de viaje (apuntes)


1) Santa (apostólica-romana) palomita, emancipadora de razón, bendita porque sí, vuelas porque te cortaron las alas. No reveles tu secreto. Pero dime ¿dónde van los fuegos? a lo que me respondes dulcemente "¡Cucurrucucú!".

2) De acuerdo a los perfiles quirománticos eres un obstinado. Y lo que es yo, señorita mano cónica (inconstancia, fantasía, imprevisión) ¿qué hago cuando ausculto tu mano, tu geométrica mano? las hago de árbol silvestre, no sé a ciencia cierta dónde, al borde de la autopista, en pesadillas de arreboles, en tu demencia reprimida que eventualmente me llevará a uno de los tantos espejos rotos del parnaso. En el entretanto arrastras tus ángulos en el vértice de mis costillas, expulsas viento o respiras e ignoro si este subtrópico se debe al verano o al alcohol, luego me lluevo en el sentido triste de la palabra, luego me lluevo en el sentido voluptuoso de la palabra. Necesito que me tomes como quien toma a una cosa, que me ignores como quien se olvida de su cosa, que me tomes nuevamente y me retomes violentamente, violetamente -por favor, entiende por qué es violeta, por qué no es blanco o negro, por qué no es siquiera azul o rojo-, que me lleves para que me pierda y me permitas perderme y comprendas que en realidad existe la alta probabilidad de que me encuentre, que sepas que no muero por perderme sólo porque muera por encontrarme.

3) La muerta, corazón desvaído, aquella que abandona su turno de jugar, postigo entre el día y la noche, y no sabe escribir acaso pintar sus ojos y dicen dicen están diciendo que ideó un silabario hecho de ojos: ojos somnolientos, de óleo, de azul tungsteno, de muñeca pepona, de pajarito gris durmiente por siempre, de número atómico setenta y cuatro en el tercer ojo marcado en la frente. Y el muerto no ve, los bichitos hicieron festín con sus carnes (miembro viril). De modo que la dama, postigo con mayúscula entre postigos con minúscula y apóstrofes que le restan seriedad a este transitorio lugar común, permanecerá. Permanecerá pintando (escribiendo) ojos hasta el fin de los tiempos. No hay estrategia, no hay problema, sino dos mundos que no convergen: muchos ojos.

4) Una cosa un trapo un puñal una puta un bombón un cadáver una pequeña muerte un costal de tulipanes etiquetado como costal de papas adentro un martillo un taladro un orificio una lengua muerta un cigarrillo a medio apagar un edificio que se cae un dos animales una cabellera enredada en tu cabellera enredada una puerta cerrada un edredón de estrellitas curvilíneas que juegan al pillarse un entrar a un bolsillo un salir de un bolsillo un enjaularme en tu pajarera un enterrarme viva a la rápida en tu pecho oscuro un chuparme la sangre un esparcirse de un jarrón a otro.

5) Sacar las jaulas de los barrotes correr ese velo oscuro liberarse en la pajarera cosificar el deseo como un cuadro plástico salir corriendo volver quedarse mirando el cuadro y besarlo y amarlo porque a uno se le antoja y que se rompa mientras lo besas.

domingo, 22 de enero de 2012

Alfonsina



De lo relativo a su nombre:
Me llamaron Alfonsina, nombre árabe que quiere decir "dispuesta a todo".

De lo relativo a su nariz puntuaguda:
A la altura de los ojos, una depresión marcadísima, con que se inicia, es precursora de súbitas arrogancias. Y en efecto, no tarda en sobresalir, curiosa, empinada hacia el cielo con aturdimiento tan singular, que algunos han dado en clasificarla como la característica de mi psicología. Las ventanas nasales, bien dilatadas, anuncian una sorpresa permanente... y cierta curiosidad de los músculos obiculares le prestan robustez, una robustez entre irónica y seria.

De sus propósitos confesables (autorretrato):
Tengo pensado mandar a hacer una tarjeta de visita que diga: ALFONSINA STORNI (buena persona y rigurosamente abstemia).
No me agrada formar parte de sociedad alguna. No contesto cartas. No acuso recibo a libros que merecían elogios. No sé adular. Voté con justicia cuando fui en la Capital Federal jurado de premios municipales. Cuando lloro me pongo horriblemente fea. No creo en la caridad. No creo en la reforma moral del ser humano. No creo en la educación común y menos en el escolar. Veo mejor los defectos de las personas que quiero que los de las que nada me importa. Tengo infinitos defectos morales que no conozco: me los han creado seres ajenos a mí que aseguran conocerlos muy a fondo; soy humilde; los soporto sin disfrutarlos. Mi defecto capital es la indiferencia (la indiferencia, dicen los moralistas, es la forma más aguda, aunque elegante, del egoísmo).
Diré ahora, para terminar con mi retrato, que soy profundamente estúpida. Si alguien dudara, le ruego que lea dos o tres veces este articulejo.

lunes, 9 de enero de 2012

El diario de vida de una dama de compañía imperial


Extraído de "Makura no soshi" ("El libro de cabecera"), de Sei Shonagon

Cosas que emocionan:

Pichones de gorrión.
Pasar por un lugar donde juegan niños de pecho.
Ver un espejo extranjero con su luna manchada.
Una persona de alta condición detiene su carroza frente a mi casa, y ordena a su sirviente que solicite una cita.
Encender un incienso muy bueno, y acostarme sola.
Lavarme el cabello, maquillarme y vestir un kimono perfumado. En este caso me siento feliz y noble, aun cuando nadie me observe.
Una noche que espero a mi amante, al escuchar el ruido de la lluvia en mi puerta y el golpeteo del viento, sin motivo y de repente me sobresalto.

miércoles, 4 de enero de 2012

La palomita

Encontré una palomita muerta su cuerpo se confundía con la tierra que la sostenía evitando que se perdiera en la nada como esas materias sin sombra que dividen el más acá del más allá y le restan importancia a la vida porque lo más importante es tener sombra como recordatorio de futuros advenimientos azarosos y posibles evangelios en el piso decimoprimero tamaño báculo tipo girasol me acerqué quería saber si ya estaba disuelta por las siempre laboriosas y pequeñas hormigas chilenas que nada tienen que ver con las argentinas la moví con el pie hacia un costado para ver si aún tenía ojos y qué tan avanzada estaba la travesía silenciosa de la descomposición al menos no era un astro suspendido en una eterna trayectoria parabólica transgresora de universos y solitaria como dios sólo podría serlo y no tenía sombra no porque le faltara congénitamente sino porque estaba tumbada contra el suelo en una expresión de indescriptible recogimiento y justamente hace poco hablé con un chico acerca de la practicidad de eliminar evidencias que recordasen voluptuosidades eventualmente infectas en virtud de que su novia rompió con él el día que le regalaría aquella traba floral con plumas rojas que le vendí no por frialdad sino porque así es cómo uno idea métodos a la larga para sobrellevar lo aparentemente lamentable a sabiendas de que realmente esta persona que escribe tiende naturalmente a aferrarse a lo que ya está suspendido en algún lugar al fondo a la izquierda como cualquier baño en cualquier residencia en otro calor no por mera política sino porque no queda otra así fue como eliminé y seguiré eliminando demasiadas cosas incluso nimiedades colillas de cigarros ropajes registros de llamadas telefónicas boletos pañuelos etcétera entonces me pregunto ahora si la palomita que me conmovió era también una evidencia ingrata ante mi egoísta intelecto mi alexitimia desde antes de nacer mi grito tierno a dos cuerdas y creo ahora que mi visión acerca de las sombras se contradice con la cremación sucesiva de evidencias y por eso es que merezco lo indecible sin saber qué carajo es o podría llegar a ser lo indecible pero al margen de eso sin afán de fantasear supongo que la palomita esa era crucial puesto que dado el lugar en el que la hallé también fue en otros tiempos que no precisaré un lugar más o menos relevante así que ahora debo ir hasta su lecho y hacer una ceremonia para elevar aquello que fue y seguirá siendo su existencia dentro del marco de mi memoria que es frágil como tantas otras cosas que me unen y desunen a su manera tal como cualquier parroquiano porque es una posibilidad que mi egoísmo en alguna fibra en algún sentido renovado y manoseado que viajó por aquí por allá algo tenga que ver con la muerte de esa criaturita hermosamente gris que vio sucesos que recordé en su momento como una lluvia celeste de melancolía y compete que dado que el chico eligió que le entregará a su ex la traba cuando ya pase la tormenta de la ruptura yo también haga algo para transformar este suceso de la muerte de la palomita el lugar que la sostiene los ojos de la palomita y lo que vio cuando me vio tiempo atrás allí en ese lugar y mi grito tierno a dos cuerdas para que el mundo siga girando como sólo él sabe girar. Posdata: anteayer arranqué una florecita de manzanilla silvestre y la puse sobre el pecho de la palomita mientras cantaba "Frágil" de Tus Hermosos. Ayer caminé nuevamente  por el sector y su cuerpo ya no estaba.


domingo, 1 de enero de 2012

La sede

Hace dos semanas, sentada en la escalera del frontis de la facultad junto a unos amigos, divisé a un hombre de cincuenta años con la piel muy tostada que caminaba sin polera y descalzo. De pronto se bajó el pantalón y procedió a defecar al costado del pilar de la entrada de la facultad. Afortunadamente no vi en detalle su empresa, pero no creo equivocarme si afirmo que fui la única persona que lo vio puesto que mis amigos lo notaron sólo cuando se los comenté un rato después. Luego, el jueves pasado, estando detenida al lado del semáforo pronta a cruzar la calle, me encontré cara a cara con el mismo sujeto. Su presencia me infló de expectación. Seguramente él es un demente asumido, probablemente un esquizofrénico ermitaño bastante zafado, y desde luego yo también estoy loca, pero el mero saberlo y elegir no exacerbarlo con todas las dificultades que ello implica me mantiene aún con los pies sobre la tierra. No admito esto para vanagloriarme, y es que por experiencia propia y pasada, estar loco tiene todas las de un martillo sin eco que, a su modo, se encarga muy profesionalmente de zurcir el cerebro a balazos por culpa de aquellos orificios del tiempo que nada ni nadie podría describir siquiera. Algunos años atrás, cuando decidí abandonar mis vacaciones interplanetarias para depositarme en esta inentendible estadía solar, me propuse un número limitado de tareas de defensa -por cierto, muy vergonzosas e infantiles- para mantenerme más o menos civil y operativa. Por eso estoy obligada a auscultar las hermosas manifestaciones de lo inefable, y es terriblemente maravilloso, lo suficiente para conjurar lágrimas de emoción, pero imposible porque no hay muerto sino muertes y avecillas y viento. Fue así como hablamos a nuestra manera, en nuestro idioma. Entre sus labios había un cigarrillo que, concluyo, recogió en algún rincón de la selva; me pidió fuego, prendí la llama de mi encendedor y lo acerqué hasta su boca. Insisto, la situación se desenvolvió sin invocar palabra alguna, acaso miramos las fachadas de los comercios cercanos sin limitarnos siquiera a mirarnos a los ojos. Claro, los ojos no sirven, y las palabras aún menos porque no hay nada que hablar. Icluso lo nunca dicho también fue dicho: en la luz de las estrellas que atraviesa el tiempo, en todas las historias de amor que inauguraron y rompieron ciclos, en el follaje de los árboles que se alimenta del humus, en la intertextualidad. Este encuentro me hizo recordar, volver al corazón, "re-cordis". Porque la memoria tiene una sede propia, y está en el corazón (y a este corazón corresponde regalarlo. Lo único que tengo claro en esta vida es que hay que regalarlo).

A continuación "El amor de los locos" (Rafael Courtoisie):

Un loco es alguien que está desnudo de la mente. Se ha despojado de sus ropas invisibles, de esas que hacen que la realidad se y se desvíe. Los locos tienen esa impudicia que deviene fragilidad y, en ocasiones, belleza. Andan solos, como cualquier desnudo, y con frecuencia también hablan solos ("Quien habla solo espera hablar con Dios un día").
Más difícil que abrigar un cuerpo desnudo es abrigar un pensamiento. Los locos tienen pensamientos que tiritan, pensamientos óseos, duros como la piedra en torno a la que dan vueltas, como si se mantuvieran atados a ella por una cadena de hierro de ideas.
El cerebro de un pájaro no pesa más que algunos gramos, y la parte que modula el canto es de un tamaño mucho menor que la cabeza de un alfiler, un infinitésimo trocillo de tejido, de materia biológica que, con cierto aburrimiento, los sabios escrutan al microscopio para descifrar de qué manera, en tan exiguo retazo, está escrita la partitura.
Pero desde mucho antes, y sin necesidad de microscopio ni de tinciones, el loco sabe que el canto del pájaro es inmenso y pesado, plomo puro que taladra huesos, que se mete en el sueño, que desfonda cualquier techo y no hay cemento ni viga que pueda sostener sus hartura, su tamaño posible. Por eso que algunos locos despiertan antes de que amanezca y se tapan los oídos con su propia voz, con voces que sudan de adentro, de la cabeza.
Los pensamientos del loco son carne viva, carne sin piel. En el desierto del pensamiento del loco el pájaro es un sol implacable. El canto cae como una luz y un calor que le picara al loco en la cerne misma de la desnudez.
Pero la desnudez del loco es íntima: de tanto exhibirla queda dentro. Es condición interior, pasa desapercibida a las legiones de cuerdos cuya ánima está cubierta por completo de tela basta, gruesa, trenzada por hilos de la costumbre.
El único instrumento posible para el loco, para defender su desnudez, es el amor. El amor de los locos es una vestimenta transparente. Esos ojos vidriosos, ese hilo ambarino que orinan por las noches, ese fragor y ese sentimiento copioso y múltiple que no alteran las benzodiazepinas, que no disminuye el Valium, permanecen intactos en el loco por el arte del amor.
Es un amarillo, y una cuchara, y un punzón. Es todo menos un vestido, no cubre sino que atravieza, no mitiga sino que exalta. El amor de los locos tiene una textura, un porte y una sustancia.
La sustancia se parece al vidrio, pero es el vidrio de una botella rota.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Más que el árbol te gustará callar


Al fondo de las tumbas
Al fondo de los mares
Al fondo del murmullo de los vientos
Al fondo del silencio
He aquí los signos
¡Cuánto tiempo olvidados!
Pero entonces amigo ¿qué vas a decirnos?
¿Quién ha de comprenderte? ¿De dónde vienes?
¿En dónde estabas? ¿En qué alturas en qué profundidades?
Andaba por la Historia del brazo con la muerte
Oh hermano nada voy a decirte
Cuando hayas tocado lo que nadie puede tocar
Más que el árbol te gustará callar

lunes, 26 de diciembre de 2011

Habladora de gatos

Probablemente nuestra, tendida en el suelo bocarriba, Alicia habladora de gatos, de rodillas, jugando a chutear estrellas, espiando a las hormigas y reflexionando acerca del color hormiga, a hurtadillas.

domingo, 25 de diciembre de 2011

sábado, 24 de diciembre de 2011

Carta de F. Nietzsche a L. Salome

Lou:

Que yo sufra mucho carece de importancia comparado con el problema de
que no seas capaz, mi querida Lou, de reencontrarte a ti misma. Nunca
he conocido a una persona más pobre que tú:

Ignorante pero con mucho ingenio
Capaz de aprovechar al máximo lo que conoce
Sin gusto pero ingenua respecto de esta carencia
Sincera y justa en minucias, por tozudez en general.

En una escala mayor, en la actitud total hacia la vida:
Insincera
Sin la menor sensibilidad para dar o recibir.
Carente de espíritu e incapaz de amar
En afectos, siempre enferma y al borde de la locura
Sin agradecimiento, sin vergüenza hacia sus benefactores…

En particular:
Nada fiable
De mal comportamiento
Grosera en cuestiones de honor…
Un cerebro con incipientes indicios de alma
El carácter de un gato: el depredador disfrazado de animal doméstico
Nobleza como reminiscencia del trato con personas más nobles
Fuerte voluntad pero no un gran objeto
Sin diligencia ni pureza
Sensualidad cruelmente desplazada
Egoísmo infantil como resultado de atrofia y retraso sexual
Sin amor por las personas pero enamorada de Dios
Con necesidad de expansión
Astuta, llena de autodominio ante la sexualidad masculina.

Tuyo

F.N

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Esbozo

¿Serás eso que rueda hasta lo más hondo de esto que soy yo mientras te pienso?/ Cada vez nos acercamos más a ese punto en que hay que danzar prudentemente en torno a un nombre, cuidando de no decirlo, de proceder por alusiones o conuntos, jamás de frente/  La vida como algo ajeno pero que lo mismo hay que cuidar/ Una pompa de jabón cuadrada/ Tan sin sombra/ ¿Por qué no se arranca el cigarrillo de la boca y me lo aplasta en el pecho? ¿Por qué no viene hacia mí y me golpea, me desnuda a manotazos, me viola sobre el linóleo manchado, sin molestarse siquiera en tirarme como un trapo en la cama?/ Te pongo en las manos un diploma de verdugo, pero tan en secreto que no puedes saberlo mientras amablemente hablamos de golondrinas/ Habíamos coincidido melancólicamente en que no hay reencarnaciones o que si las hay el reencarnado no se entera/ Cada uno a su manera, el pasado nos había enseñado la inutilidad profunda de ser serios, de apelar a la seriedad en los momentos de crisis, de agarrarse por las solapas y exigir conductas o decisiones o renuncias/ Nada puede ser mejor que provocar lo que quisiéramos descubrir aunque en el fondo nos dé ya un poco de miedo y de asco / El problema jamás resuelto de describir lo que se describía estruendorosamente a sí mismo como casi todas las pinturas de los museos, el retrato de mujer con su cartel Retrato de mujer/ Yo sabía que no eras así, que ahora mismo el verde y el tercer estante sólo valían como una defensa geométrica de tu soledad.

martes, 20 de diciembre de 2011

Manzanilla silvestre

Esto que ves acá es manzanilla silvestre (sí, la arranqué del pasto, pero huele maravillosamente). Supongo que urge la creación de una ONG que se ocupe de sancionar a aquienes mutilan brotecitos de pasto mientras fuman cigarrillos (o quizá alguna otra cosa). Lamentablemente mi persona terminaría siendo objeto de persecución política (más temprano que tarde)/ Sí, es terrible pero cierto. Todos hemos arañado el pasto alguna vez; es la ansiedad, el no saber qué hacer y no saber bancarse los silencios/ Propongo que esta ONG comience (castigándome a mí). Mira cómo amaso este pobre puñadito de manzanilla silvestre sólo para olerla/ Qué risa, no puedo parar, no puedo concentrarme en más de una cosa al mismo tiempo, no puedo explicarte lo que está ocurriendo/  Bueno, entonces haré una pregunta para despejarte ¿de qué crees que está conformada toda esta tierra, esta arena llena de mierda y ramitas, la que está dispersa sobre el suelo?/ ¿Te refieres al suelo tipo tierra o al suelo a nivel planetario?/ Al tipo tierra/ ¿Y pretendes que con esta pregunta pueda volver?


jueves, 15 de diciembre de 2011

Tonta niñita que inventa

Donde sea que te encuentres –en algún lugar de la algarabía, tal como yo– la haces de herida.  Esta herida es una fotografía postmortem de un naranjo en flor, un berrinche en las venas que poco a poco se escribe a sí mismo como una biografía subterránea de la madrugada. Pensar que te creé más de cinco veces sólo para hacerte sucumbir en esta ignorancia programada –y vaya a saber uno cuántas veces me creaste, porque hoy es probable que yo sea otra–. Y ante la duda, me hago la sorda como una muñeca (pero no soy muñeca, acaso aspirante a actriz). Te invitas solo, de ida y de vuelta, de ida sin vuelta y de vuelta sin idea, yendo y viniendo. Te entrometes en algo que no es un jolgorio sino una grata demolición, una inconfesable plegaria que no estatuí. La silla que te invita –e inventa– reclama tu materia. Te invitas, y como te invitas ya eres parte del apuro, no de la solución. 

martes, 13 de diciembre de 2011

Con permiso

El cordón umbilical se nos enrolló alrededor del cuello y hoy, más o menos ahogados, fantaseamos con enterrar nuestras manos en ciertos pescuezos de aspecto melifluo y rastrero. Sí, hicimos un sacrificio humano –o como queramos denominar aquello–. Fue un instante sin corazón, un falso sorteo de quien elige cierta ruta para llegar a una viña que ignora, una foseta occipital que estigmatiza nuestros actos. ¿Y qué hay detrás de todo eso? Hay humo, hay estrategias pintorescas, hay trajes de fiesta gigantes parchados con paisajes nocturnos, hay una ola que pretendemos recortar mediante pactos tácitos y desvaríos morfeicos que insinúan ecos improvisados, hay gestos políticos muy respetables. Matamos a alguien; inauguramos un mirar a la pared para estirarla, para perdernos en las grietas que se asoman como quien extiende un chicle, un hola/qué calor hace/ tres cuellos/ huele a cielo/ con permiso/ mi cabellera. Y en el frente queda lo que queda. Habrá que andar hasta el final de los cuerpos que duermen al costado de la vía. Llenaremos de contenido la encrucijada una vez que concluya esta convulsión del alfabeto. Porque quizá no haya que entender cosa alguna, quizá enterramos un astro en aquella tumba y no un cadáver. No hay muerte, hay lenguas excesivamente enredadas, hay palabras. Hay vida, hay armonía violentada. El Cristo en la pared se encogió de hombros. Y si hay vida es porque necesito y merezco echarte un vistazo, en efecto, para empezar a desconocerme.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Feliz navidad

Criatura, te desvives por ver al mesías. Tienes ganas de contemplar milagros, esperas llegar a la náusea porque asumiste que eres un trompo. Esperas, pero no recuerdas y ni siquiera sabes qué esperas. Y te inquietas por la espera: tus plazos, tu respiración, tu carne, tus hilos, tu sexo. Pesas demasiado, innecesariamente demasiado. Te mareas, te aburres; sueñas con revivir el bendito mareo. Y si para ti el sentirte vivo no es otra cosa más que un hermoso terremoto, entonces estás muerto. Muerto, en tu silla giratoria, en el mismo portón de siempre –por cierto, el único que conoces, el más cómodo–. Aún no descubres que realmente nada te interesa. Quieres que vuelva el viejito pascuero. Y si ha de volver, nuevamente te fastidiarás. Feliz navidad, exacerbación (de la exacerbación). Enhorabuena kitsch, oveja sin trasquilar.

martes, 6 de diciembre de 2011

Escapismo

a) Inventar un nuevo verbo, salir a esconderse, patear estatuas y santos degenerados, hacer realismo al cuadrado, incrementar los días de la semana, bostezar en nombre de toda la historia de la humanidad, conjugar un gerundio imposible, vender los ojos por el perfume de un cuello.

b) Si osara hablarte de mis demonios terminaría hablándote acerca de una biblia infecta de bolsillo. Pero ya cruzaste los mismos semáforos que yo, has sido feliz a mares y seguramente el mar también te ha tragado hasta hacerte vomitar corales -o paracaídas-. Esta negación comunica todo lo necesario. Quien huye de algo está corriendo hacia otro lugar también. Hoy detesto las explicaciones y, si se trata de explicar, podría inventarte el cosmos al revés improvisada y mediocremente.  Soy una puerta, hubo un temblor. Muero de ganas de hablar, en dos sentidos, por hablar. 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La histeria sudaca

Hace unas semanas atrás visité al psiquiatra para que definiéramos qué hacer para combatir mi recurrente insomnio. Es sorprendente, asistí sólo para que me recetara algún inductor al sueño suave y, de un modo u otro, se las arregló para dárselas de psicólogo. Me sentí como una versión sudaca de Woody Allen ¿Desde cuándo los psiquiatras se dedican a escuchar peripecias acerca de vidas ajenas? eso sólo pasa en las películas. Que yo sepa, su deber es escribir garabatos en una hoja para que uno pueda comprar fármacos cuyas cajitas llevan impresas una estrella en la frente. Más que mal, son doctores, no loquillos. Si quisiera que alguien me ayudara a interpretarme a mí misma iría al psicoanalista -no al loquero de las pastillas-, me emborracharía hasta llorar de risa con algún coetáneo empático o, por último, me iniciaría en las ciencias oscuritas. En esas instancias, la cúspide de lo gracioso acontece cuando el individuo ese comienza a buscar dramas donde no los hay. Cuando me preguntó "¿Te pasa a veces que estás expresando una idea, de pronto pierdes el hilo y como que no te das cuenta?" Por el amor de Dios y Satán (juntos y revueltos, partidos en trocitos como una barra de chocolate, besándose), no me pasa eso, vengo acá porque quiero-necesito-anhelo dormir. Si para explicar algo requiero aludir polifónicamente a otras cuestiones para luego retomar el punto inicial -o algo referente a determinado punto de partida-, agradecería que no me crucificara por su falta de síntesis. Es cierto que lamentablemente híper pienso. Detesto eso. Aplico a la paja molida en múltiples sentidos. Sería maravilloso poder despertarme algún día para decirme a mí misma mientras me maquillo frente al espejo "Rose, las únicas pajas de hoy serán: a) las que estallarán mientras estimulas tu entrepierna, b) soportar el calor y el ahogo que produce la horripilante arquitectura de la facultad de Derecho". Pero eso aún no ocurre, así que pffff.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Usted

Las personas vivimos ignorando que hay un otro que se pudre en la soledad. Hacemos nuestras vidas, ideamos nuestros planes apurados, desayunamos sólo por funcionalidad y nos hipnotizamos en la monotonía. En cierto sentido eso es valioso por un asunto de economía interpersonal, pero es despiadado; no debería tener nombre, es casi como un ciclo perverso en el que sólo nos da para ser presas aturdidas. Brota en mí un tejido de ira y no digo estas cosas siquiera porque esté enrabiada con otros, sino conmigo misma. Debería... Debería tantas cosas ¿debo acaso?. Debería decir tantas cosas, debería hacer tantas cosas y, vamos, en el proceso ese uno se pierde, uno cae como un borracho sordo y mudo. Solamente me pregunto por los costos, por los costos de decidir estar vivo y todo lo que ello implica. Precisamente, me gustaría detenerme en los costos del aprendizaje. No asimilar un costo de aprendizaje podría llevar a la ruina a cualquiera. Es cierto, no queda otra más que intentar ser una máquina o aspirar felizmente a transformarse poco a poco en un androide.

Me causa tanto desagrado hablar de estas cosas, me aburre concluir a cada instante que el peso de la historia de la humanidad es excesivamente denso. Estos lugares comunes reaparecen una y otra vez con las mismas melodías; pareciera como si terminar aguerrido y sordo es una buena posibilidad. A veces hay que desentenderse, borrarse, para luego conectarse de nuevo. El sol no brilla a todos por igual. Y si hemos de usar la misma mochila, de seguro alguno terminará rompiéndose la espalda. Insisto, es imperioso tener segura la espalda.

PD: Tía, si tan sólo alguien la hubiese obligado a escuchar "Hey Jude" y "Eleanor Rigby" de The Beatles, usted podría estar riéndose ahora mismo. Pero lo entiendo, respirar y comer y vestirse cuando se está del todo disconforme con todo lo que existe y lo que podría llegar a existir no es otra cosa más que una condena. Pero lo intenté, todas las veces que estuve en Temuco dejé un sinnúmero de llamadas perdidas en su celular; seguramente usted estuvo recluida en su parcela acariciando a alguno de sus incontables perritos. Claro, en realidad todos debieron haberlo intentado. Lo lamento por usted, una mujer muy recta y derecha, repleta de fantasmas que nunca recibieron un abrazo. Si usted aparece de nuevo en mi vida como una mariposa, como una briza de viento o incluso como un enlace lipídico de cualquier tejido orgánico, le daré el abrazo correspondiente. Usted y yo sabemos lo que eso implicaría. Es un compromiso, una responsabilidad.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Sugerencia

Se me duerme el pecho en el cuerpo como los barcos que desaparecen. En todo hay un secreto, una mancha en la luna. Se oculta en la piedra, duerme de día y se ríe.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Saldos

Este ha sido el semestre universitario más largo que he tenido en mi vida. En un principio la inasistencia a clases se me hizo demasiado cómoda, pero más tarde terminé aburriéndome excesivamente. Es por ello que mis horarios de sueño resultaron trastocados y hasta el día de hoy me cuesta dormir; suelo despertarme después de tres horas de sueño profundo y luego me quedo vagando en internet, reviso discos, leo alguna cosa por placer o por deber. No obstante, ese no fue el único saldo negativo de la paralización de clases. Hace algunos días terminé de rendir todos los exámenes y, pese a que los resultados fueron positivos, me fue muy difícil retomar el hilo. La mayoría de las veces que estudiaba quedaba a quinientas mil revoluciones por minuto, me era imposible no pensar, entonces discurría acerca de todo lo habido y por haber hasta rebanarme el cerebro. Sé que la masturbación mental involuntaria es perjudicial, pero ya haré algo al respecto -algún día-.

En cuanto a la decisión de estudiar Derecho, cuando recién ingresé estaba horrorizada y repleta de dudas vocacionales. Afortunadamente ahora me siento satisfecha. Aunque sé que podría estudiar cualquier otra carrera, no me visualizo en ninguna más que en esta. Está de más decir que el aprendizaje lleva consigo requisitos que, mientras sean cumplidos voluntariosamente -método, esfuerzo, atención, relativa privación de placeres perjudiciales- asegurarán un tránsito decente en cualquier esfera del conocimiento.

En lo que respecta a los saldos concretos de esta finalización de un ciclo, podría mencionar los siguientes:
- Bowen volvió a vivir con nosotros. Dado que ahora vivo en un departamento, es bien sabido que la adaptación de un perro acostumbrado a vivir en un patio sería problemática. Sin embargo, Bowen se ha desempeñado con todo el amor que podía pedirle y mucho más. Mi hermano y yo la sacamos a pasear tres veces al día para que haga lo suyo. Su estadía me hace feliz, cada día la amo más que el anterior; todo lo que conozco de ella me provoca un afecto que, pese a que ya es inmenso y hermoso, crece progresivamente a niveles inefables.
- Hace unos meses se realizó una feria de artes en la Facultad de Artes de la universidad. Llevé artesanía de paño lenci hecha por mí y me fue muy bien. Fue la primera vez que valoré realmente mi inspiración visual. Pero hoy descubrí que, todo este tiempo que llevo sin hacer confección alguna, se debe a que necesito un cambio de soporte. Es por eso que a penas tenga más dinero iré a comprar a la calle Rosas nuevos materiales. Ahora quiero experimentar con expresiones más clásicas y más chic.
- Dejé la Coca-Cola zero. Ahora bebo religiosamente Fanta zero.
- Hay conocimientos existenciales que sólo aplican para la persona que necesita aprehenderlos. Uno de ellos, al menos para mí, es el siguiente: es mejor explicarse ciertas cortas secamente antes que idear armazones complejos de racionalizaciones. Desde luego lo primero es más costoso, pero lo vale.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Qué más da

Y cuando todo es y cuando todo fue
no esperar es lo mismo que hacerlo:
morir viviendo dos veces,
morir dispersa en mis huesos,
morir jubilando encuentros pretéritos,
morir aferrada a un árbol sin raíces.

Alfonsina Storni - "Oveja descarriada"

Oveja descarriada, dijeron por ahí.
Oveja descarriada. Los hombros encogí.

En verdad descarriada. Que a los bosques salí;
Estrellas de los cielos en los bosques pací

En verdad descarriada. Que el oro que cogí
No me duró en las manos y a cualquiera lo di.

En verdad descarriada, que tuve para mí
El oro de los cielos por cosa baladí.

Es verdad descarriada, que estoy de paso aquí.

Idiota

Ay pobrecita, se le atoran los chorritos de saliva en esa gargantita de cisne de sólo sentir la fumarola que formaron mis quince cigarrillos sucesivos. ¿Qué necesita usted? ¿Un broncodilatador, una máscara o un hermoso apretón en el cuello? En lo que respecta a mí creo que su pescuezo luciría mucho más humano si mis manos estuviesen marcadas en él. Chismosa salió la perra (y con la boca abierta ha de morir).

jueves, 4 de agosto de 2011

La etiqueta de $16.000

Curiosamente, cuando camino hacia el súper-mercado, suelo encontrarme con una etiqueta en la que está impreso el precio de una prenda de vestir. La pobrecita está tirada en la vereda. Lamentablemente, hoy no la vi. Me pregunto si eso se debió a que estaba muy oscuro como para apreciarla, o a que alguna criatura desamparada se le ocurrió barrer aquella ampolla del espacio-tiempo.

Voy a morir despacio hasta la próxima vez

Si tú te vas
en este día de verano,
entonces también
llévate el sol.
Todos los pájaros que volaron
en el cielo ese verano
cuando el amor era nuevo
y nuestros corazones estaban llenos
y el día era joven
y la noche larga
y la luna, quieta,
escuchando el canto de las aves.

martes, 5 de julio de 2011

Felicidad

Oh, acabo de descubrir que "A day in the life" de The Beatles es una canción inspirada en el trabajo de Karlheinz Stockhausen. Qué maravilla. Ahora me hace mucho sentido. El final de esta canción es un salto hacia no sé dónde.

Se da por hecho que ella fue una víctima de la política nazi de «eutanasia para los individuos no productivos».

Los relojes

¡Es tan chistoso!. En los celulares, cuando el reloj pierde la configuración de la hora, uno tiene la opción y el deber de reajustarla. Pero en la vida, nadie lo reajusta a uno... Esa extravagante ilusión del reloj. Dan ganas de reírse hasta volverse una pelusa –o un chispazo de luz en el flash de una cámara–.

:l

sábado, 2 de julio de 2011

Vitamin C



Hey you. You’re losing, you’re losing, you’re losing, you’re losing your vitamin C.

martes, 28 de junio de 2011

Pronombres

Hay sangre, hay boleta
hay un instante en el que la imaginación se retrotrae al recuerdo
hay nueva estrategia.

Debemos esperar toda una vida
para que en el momento preciso podamos admitirnos extremadamente diferentes.

Hay una guía telefónica que afortunadamente nos ignora
un árbol infinito de personas que nos anteceden
y vaya a saber uno si es posible retroceder hasta Adán y Eva.

Hay una madre tuya y una madre mía
para estos efectos la gracia de la mía
es poseer un útero que no es ni será jamás el de la tuya
y viceversa.

Hay un nombre de pila, un mote, un domicilio,
un sexo, un género y un documento de identificación
para que nos contentemos con el abismo que separa un "tú" de un "yo".

Pero aún así la vida debe esperarnos toda una vida
incluso cuando decidamos esperarla durante toda una vida
porque aunque el abismo entre un "tú" y un "yo" sea una mentira
algo habrá de perderse... Y por algo habrá que esperar.

domingo, 26 de junio de 2011

Cierta idea

Ahora que lo pienso, da igual que cierta idea pierda ciertas atribuciones de sentido. Quizá no tenga siquiera por qué ser importante. Bastará posiblemente con que lo imagine, crea o sienta. Yo no estoy inválida, nadie me dejó huérfana y sin fe, no estoy herida. Supongo que tengo ganas de seguir equivocándome, como todos; de lo contrario la vida se acabaría a la primera desazón que experimentamos. Pero no quiero equivocarme del modo en que lo hacía cuando era púber. Después de muchos serpenteos aprendí que debo dejar de hacer las cosas impulsivamente como si se fuera a acabar mi repertorio de emociones. Hace algunos días vengo masticando eso serenamente: tengo todo el tiempo del mundo, y si no existen minutos, me los inventaré.

Análisis

A continuación, una serie de sueños transcritos desde mi taquito de notas.

Sueño de la noche del 18/06:
El gobierno decretó una política de persecución hacia quienes pudiesen transformar diamantes en pólvora metabólicamente. Yo tenía dicha capacidad. Como me enteré de la cacería previamente a través de informantes clandestinos, decidí huir del centro de la ciudad unos días antes del inicio de la persecución. Me fui caminando por la orilla de la playa. En la arena encontré trozos grandes de sal marina que lamí hasta volverlos transparentes. Luego llegué a una casa llena de recuerdos pertenecientes a las personas que vivían allí antes de cedérmela a mí. Había un hombre muy abatido que lloraba a su esposa muerta en el ahora polvoriento estudio que ella solía habitar. Cuando di con un texto dramático para niños escrito en manuscrita, descubrí que la mujer era dramaturga. Aquella era su obra maestra sin terminar. Me quedé sentada en el estudio reflexionando en la penumbra. De pronto el teléfono comenzó a flotar y los lápices que estaban sobre la mesa se cayeron al suelo. Los fenómenos paranormales me eran indiferentes, pero no podía dejar de sentir pena por la ausencia de esa mujer que no conocía. Sonó el teléfono y lo contesté, pero no dije palabra alguna.

Sueño de la noche del 19/06
:
Vivía en el último piso de un centro de estudios de lujo. Era propietaria de toda la planta. Habían muchas comodidades: un sofá de cuero negro, una habitación amplia, paredes color burdeo. Sabía que mi piso era registrado de vez en cuando durante mi ausencia. No me molestaba, pero para mis adentros deseaba progresivamente un poco de intimidad. Cuando ello ocurría la iluminación de las escenas se volvía insípidamente azulina. Flirteaba con * en el sofá y experimentábamos una gran cercanía física, pero luego la escena cambiaba su sentido radicalmente y el flirteo nunca había ocurrido pese a que yo sabía que hace un momento sí había ocurrido. Él permanecía indiferente y yo también. Luego llegaba a un cuarto en el que se aplicaban tests de conocimiento a algunos estudiantes del centro. Allí estaba mi hermana (del sueño) rindiendo una prueba. Ella era de mi edad; cabellera negra y lisa, rostro amable. Dado que sus resultados no eran óptimos, nos despedíamos afectuosamente. Ella debía abandonar el centro de estudios.

Sueño de la noche del 21/06
:
Iba caminando silenciosamente con * por la vereda de una calle próxima a una embajada. Súbitamente él se detuvo y se paró a mis espaldas, situó su cuerpo contra el mío y, sin desvestirnos siquiera, lo presionó una y otra vez hasta que acabamos. Que conste que no hubo diálogo alguno que mediara dicha acción. En ese momento ninguna reflexión pasó por mi cabeza; sólo era un objeto, una autómata. Luego fui detenida por carabineros por consumo de drogas. Me llevaron a un edificio viejo que olía a madera tratada. Allí di un discurso de arrepentimiento. Me justifiqué también hablando acerca de las drogas que no vuelven problemática la esperada funcionalidad de las personas. La mujer que me interrogó me dijo que estuviera tranquila. Quedamos en que me haría un examen para detectar qué sustancias ilícitas había consumido durante el último tiempo. Me dijo que estuviera tranquila puesto que me apresarían sólo si hallaban rastros de drogas duras. Acto seguido: cambio de escena. Estaba en el borde costero sentada sobre unas gradas junto a otras personas. Esperábamos a que llegasen las olas de un maremoto que sabíamos próximo. Yo estaba muy tranquila puesto que tenía la certeza de que no moriría. Convencía a la gente que estaba a mi alrededor de lo seguro y necesario que era que el agua pasara sobre nosotros. Rápidamente rugió la gran ola. En ese instante mi visibilidad se perdió en una refrescante atmósfera azulina semitransparente. Estaba absolutamente sumergida en el agua perdida en una comodidad inexplicable. Respiré hondo. Entendí que respiraba mucho mejor bajo el agua que al aire. Luego la ola se retiró. Quedé extasiada, nueva, como recién nacida y con otra vida.

jueves, 23 de junio de 2011

Matar

Debo matar al objeto para volverlo indeseable, vulgar y gris. Si no lo mato, de seguro él me matará a mí. Sin duda podría asfixiarme imaginariamente de muchas formas, no obstante, no puedo darme el lujo de que las ansias por el usufructo de sus gratas facultades me lleve nuevamente al mismo lugar. Sí, conozco demasiado bien este lugar; he estado aquí al menos dos veces. Aunque podría resultar útil relativizar todo cuanto he declarado, el sólo hecho de estar al tanto de mi proceder terminaría revelándome aquel desagradable punto de partida que pretendo obviar. Entonces sólo me queda matarlo: ponerlo en un marco, secularizarlo, tipografiarlo, repetirlo y manosearlo. Pero no hablo de esas muertes tontas, sino de ciertas redundancias programadas que engendran una artificiosa pero legítima sobriedad.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Sobriedad

Llevo conmigo tres falsas formas de negar que anhelo dormir entre tus desconocidas extremidades: la primera es como un gato; me acariciarías, me mirarías para intentar impregnarte con mis vaivenes y, una vez que me vuelva quizá demasiado caprichosa, admitirías conveniente que me fuese a dormir al tejado. La segunda es un tren: nos pondríamos de acuerdo para huir a no sé dónde y de no sé qué cosa, luego nos mezclaríamos en el vagón con no sé quién. Y la última, pero no menos importante, es una mula-camello: te evaluaría preciado equipaje por mi sólo gusto quebradizo de cargar, cansarme y suspirar. Más tarde me aburriría y, de tanto maldecir, se me inflamaría el corazón al revés, volviéndome camello. El asunto es que de un modo u otro, te pillé contando estrellas; te sorprendí robándolas e incluso comiéndotelas. Y en lo que respecta a mí, no veo nada, no veo nada, ni siquiera a ti (escuálido refrán antojadizo). Si me rechazaste es porque lo hiciste bien: bien para ti, bien para mí; o sea, pésimo, horriblemente mal.

domingo, 20 de marzo de 2011

: O

"Pienso que quien lleva a los otros al error terminará cayendo en el error. Indicar a un viajero extraviado un camino equivocado, o sea, dejarle a uno en su error, es una acción muy reprobable, pero nunca se puede comparar con conducirle a uno para que se pierda a sí mismo."

sábado, 18 de diciembre de 2010

Tos

Volví a rituales que había querido dejar por ahí: la clorfenamina -con estrellas verdes quizá- antes de dormir, las cremas corticoides y el joropo al pedo que no sé de dónde salió. Pero también nacieron otros rituales: el lapiz labial líquido permanente (en el envase dice que dura 24 hrs., así como esos putos desodorantes de Bárbara Blade [mujer independiente cuyo marido la golpea en una comuna de alto estrato socioeconómico]), el esmalte calcificador para uñas quebradizas de damiselas quebradizas -uy, mamá- y los garabatos en lápiz scripto sobre mis senos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Pasó mañana

–Oh, qué sabia es usted doña Perijuncia Circunmaría. Sus conocimientos del cinismo inherente a la tarea de saborear son novedosa cuestión en lo que respecta a la supresión de la ignorancia en la que nuestro reino está sumido –dijo Carlitos Rey, el rey.
–Perdóneme si peco de arrogancia. Mis pecas son tan grandes que, con tanta cosa colorida a cuestas, termino creyendo que mis juicios podrían ser absolutos –o electrolitos–. Bien usted sabrá que nacía allá, cerca del baño de varones; fondo a la izquierda. Sí, allá, por los salinos montes de Sacarina. –respondió Perijuncia.
Entonces ambos comensales, empapados en la sorpresa de lo gratamente fructíferas que resultaban sus charlas, se acercaron uno al otro, nariz con nariz. Como las piernas de Carlitos Rey operaban a través de engranajes de tracción, a penas se arrimó Perijuncia, el cuerpo del hombre retrocedió instantáneamente sin que ésa fuese su intención. Acto seguido: Perijuncia se molestó y sin mediar explicación o tratado científico alguno, se transformó en un pequeño cubito de azúcar. Ante ello el rey se ofendió y, estando ambas personacosas completamente furibundas, ocurrió un fantástico designio proveniente de no sé dónde y no sé quién.
La sirvienta del castillo, pese a que su nomenclatura era más que autoevidente, hacía de todo menos servir. Era una inútil. Sumergida en las espesas babas de su ineptitud, hirvió agua en una cajita musical a sabiendas de que si lo que se pretende beber es té, correspondía –¿correspondería acaso?– usar una totora gris. Ya hervida el agua, llegó a las manos del rey una tacita en cuyo interior había fetas de té de abejitas antropófagas en cuyo interior había una pizca de demagogia. Allí depositó a Perijuncia, revolvió su elíxir felizmente y, transcurridos cinco minutos, murió. La moraleja de esta historia, basándonos en aquellos apuntes publicados por Joseph Hettich referidos a existencias ajenas e interesantes –y es que el pobre Joseph Hettich había sido galardonado por ser un magnífico sin vida–, es que si osas beber unta taza de té suavizando con un endulzante que alguna vez fue una persona y, si dicha persona es oriunda de los montes de Sacarina, terminarás muertitico. Lamentablemente nadie se percató de que el rey se conviritió en una tableta de sucralosa. Y como sólo yo sé las cosas de las que nadie quiere saber –quizá porque no existen realmente–, les contaré lo que acaeció o lo que quizá no acaeció: tomé al rey entre mis bellos deditos, cavé un hueco en la tierra, puse allí la tableta de sucralosa, tapé la fosa con tierra, deposité mucho amor de ningún lado. Con el pasar de los días creció una flor. Desgraciadamente no me gustó el botón de la flor; era mitad Carlitos y mitad Perijuncia. Es en virtud de ello que la corté, se la regalé a un vector que algún día me fascinó y, convencida de que ni en el cielo podría hallar un lugar para deshacerme de mi joroba, me fui volando hacia abajito.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Ejercicios


NÚMERO COLIBRÍ

Sé un pajarito para ti misma
Última noche que quiere ser la primera
Y disfraza
Lo conocido y lo que queda
El corazón en ética
Y pasos
Que son amor sin método
Porque el cielo tenía guardados
Mil pedacitos
Que eran como jardines
Y serán nuestros.

NÚMERO SALIVA
A la mamadera le da por escupir cuando le arrebatan la dera. Recuerda así el olor a leche agria como un vómito de tetas. Debido es que agregue la ineficacia de la inexistencia de dos palabras que diferentes huelen exactamente igual. Policía encierra, por Lucía, prepucía, deslucía. Si vives durmiendo bajo el conteo de sílabas como tamborcitos en tus dedos no te preocupes porque todo se reduce a un tres, un dos, un cuatro o un un.

NÚMERO TREN
Tengo un problema con el cielo y con las viejas que pese a que tienen diez guaguas chorreantes dicen “qué cochino es eso” si uno les habla de sexo. No, no es que les toque los sexos, sino El sexo. “No hables leseras, siéntate y quédate quieta” grita aquella masa humana con cara de pared y voz de alitas de mosca muerta hace diez días. Yo creo que ustedes, sin intención de ofenderlos, deberían…

NÚMERO BRAZO

Sangra arenas de playas que aun no inventa
Y es costal de ojos que se enredan al caer
Cuando nació evitó veinte falsas promesas
Y hoy sus pies suspiran cartas y condolencias de violetas.

NÚMERO CONFETI
Los locos no pueden vestirse de militares
Cantan melodías para sí mismos y para las abejas
Confunden los sonidos del taladro con ternuras de pájaro
Aprecian la antena y aborrecen la imagen
Son impulsivos porque no suman ni restan
Son francos porque con la sensatez fabrican flores:
con la conveniencia, con el frío, con lo espinoso, con lo hostil, con lo ensordecedor, con lo triste, y con lo excelso
Son máquina viva
Fotosíntesis del hombre
Se dan la mano y se funden en acuerdos implícitos
Los locos quieren correspondidamente, con locura y de locura, a los locos
Los locos quieren sin correspondencia, con locura y de locura, a los cuerdos
Y se vuelven cuerdos una vez que cometen la aberración de amarse a sí mismos
Tan locos como para regalar la belleza que, vibrando, sobra
Tan locos como para compartir todo lo que está dispuesto en la tierra
Y para ser loco, hay que estar loco
Tan loco como para regalar la belleza que, vibrando, sobra
Tan loco como para compartir todo lo que está dispuesto en la tierra.

NÚMERO CABELLO
como se canta en la boca indicación de caricias nerviosas riegas un perro que crees planta más vale un estigma temprano que cien flotando porque bucear hondo entre chismes de muñecas el mismo bracito que cuelga tierra que hace árbol y flores que hacen tierra cuando se secan el color de hormiga es acuerdo hermoso confieso que mientras dormías te vi tragar estrellas a la lluvia le dio por saltar para volver al nido de mamá llaves para ofender o disolver ofrendas cínicas de inventores de discursos gobierno de pies que sudan pisan entierran marcan huellas hechas de huellas hechas de…

NÚMERO BIBLIA
El infante no llora de tristeza ni de dolor ante lo perdido, sino de desconcierto, de no acción y no recuerdo, de botella llena de aire: vacía; el perverso no saber qué hacer ni qué decir.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Una noticia para mí

Oh, de chiripa recién fui hallada por aquella cuestión que alguna vez descubrí con devoción y amor. Espero que no se me olvide durante un buen tiempo; con ella me fue inyectada una esplendorosa alegría y demasiadas ansias de hacer. Lamentable es ponerme en el peor de los casos, y es que si llegara a obviarla una vez más, ojalá vuelva de un modo u otro a mí. De lo contrario el castillo seguiría creciendo y, yo, yo sólo deseo adueñarme de aquella seriedad con la que solía jugar cuando era una pelilarga niñita... Amén a no sé qué y no sé cuándo. Parece como si hubiese vuelto a mí la tierna gravedad, tierna gravedad que -espero- evitará que salga volando.

PD: La ensalada de quinua con variedades de lechugas, queso parmesano y limón, sencillamente es una experiencia de otro mundo.