Las personas vivimos ignorando que hay un otro que se pudre en la soledad. Hacemos nuestras vidas, ideamos nuestros planes apurados, desayunamos sólo por funcionalidad y nos hipnotizamos en la monotonía. En cierto sentido eso es valioso por un asunto de economía interpersonal, pero es despiadado; no debería tener nombre, es casi como un ciclo perverso en el que sólo nos da para ser presas aturdidas. Brota en mí un tejido de ira y no digo estas cosas siquiera porque esté enrabiada con otros, sino conmigo misma. Debería... Debería tantas cosas ¿debo acaso?. Debería decir tantas cosas, debería hacer tantas cosas y, vamos, en el proceso ese uno se pierde, uno cae como un borracho sordo y mudo. Solamente me pregunto por los costos, por los costos de decidir estar vivo y todo lo que ello implica. Precisamente, me gustaría detenerme en los costos del aprendizaje. No asimilar un costo de aprendizaje podría llevar a la ruina a cualquiera. Es cierto, no queda otra más que intentar ser una máquina o aspirar felizmente a transformarse poco a poco en un androide.
Me causa tanto desagrado hablar de estas cosas, me aburre concluir a cada instante que el peso de la historia de la humanidad es excesivamente denso. Estos lugares comunes reaparecen una y otra vez con las mismas melodías; pareciera como si terminar aguerrido y sordo es una buena posibilidad. A veces hay que desentenderse, borrarse, para luego conectarse de nuevo. El sol no brilla a todos por igual. Y si hemos de usar la misma mochila, de seguro alguno terminará rompiéndose la espalda. Insisto, es imperioso tener segura la espalda.
PD: Tía, si tan sólo alguien la hubiese obligado a escuchar "Hey Jude" y "Eleanor Rigby" de The Beatles, usted podría estar riéndose ahora mismo. Pero lo entiendo, respirar y comer y vestirse cuando se está del todo disconforme con todo lo que existe y lo que podría llegar a existir no es otra cosa más que una condena. Pero lo intenté, todas las veces que estuve en Temuco dejé un sinnúmero de llamadas perdidas en su celular; seguramente usted estuvo recluida en su parcela acariciando a alguno de sus incontables perritos. Claro, en realidad todos debieron haberlo intentado. Lo lamento por usted, una mujer muy recta y derecha, repleta de fantasmas que nunca recibieron un abrazo. Si usted aparece de nuevo en mi vida como una mariposa, como una briza de viento o incluso como un enlace lipídico de cualquier tejido orgánico, le daré el abrazo correspondiente. Usted y yo sabemos lo que eso implicaría. Es un compromiso, una responsabilidad.
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