Criatura, te desvives por ver al mesías. Tienes ganas de contemplar milagros, esperas llegar a la náusea porque asumiste que eres un trompo. Esperas, pero no recuerdas y ni siquiera sabes qué esperas. Y te inquietas por la espera: tus plazos, tu respiración, tu carne, tus hilos, tu sexo. Pesas demasiado, innecesariamente demasiado. Te mareas, te aburres; sueñas con revivir el bendito mareo. Y si para ti el sentirte vivo no es otra cosa más que un hermoso terremoto, entonces estás muerto. Muerto, en tu silla giratoria, en el mismo portón de siempre –por cierto, el único que conoces, el más cómodo–. Aún no descubres que realmente nada te interesa. Quieres que vuelva el viejito pascuero. Y si ha de volver, nuevamente te fastidiarás. Feliz navidad, exacerbación (de la exacerbación). Enhorabuena kitsch, oveja sin trasquilar.
lunes 12 de diciembre de 2011
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